A un par de horas de Valdivia se encuentra la comuna de Coñaripe, a orillas del Lago Calafquén, desde allí en dirección al norte, por un camino de tierra, está una de las entradas al Parque Nacional Villarrica la cual da paso al Glaciar Pichillancahue.

Ingresando por un frondoso bosque; sendero marcado por lengas, coigües y por la esplendorosa presencia de araucarias, quienes en su  coraza manifiestan la fortaleza de sus raíces, se continúa el recorrido, con todos los sentidos dispuestos e insaciables por la belleza que presenciamos. A media hora, de una caminata suave, encontramos el límite del bosque para luego continuar por una loma, desde la cual tenemos vista privilegiada en 360º consiguiendo observar, por algunos minutos antes que lo cubriese las nubes, el Volcán Villarrica, Llaima, Quetrupillán, Lanin y Mocho-Choshuenco, además del Nevado Sollipulli. Ensimismados por el lugar, mantenemos el paso para ir descubriendo, entre formaciones rocosas y áridas, un arroyo desde el cual, al levantar  la mirada, se divisa a la perfección el Glaciar Pichillanchue cubierto de cenizas volcánicas. Nos acercamos lo suficiente a  aquellas zonas del glaciar donde la capa de ceniza está removida, para apreciar la composición del hielo y su distinguido color.

De regreso por el valle rocoso y árido, cuando creíamos que todo finalizaba, nos despiden las alas emplumadas más grandes que cortan los aires de nuestra cordillera; una pareja de cóndores nos enseña la majestuosidad de sus vuelos y la complicidad de la felicidad cuando es compartida.

Gratitud a los cóndores, gratitud al Parque Nacional Villarrica, gratitud para quienes, sin saberlo, hicieron de mi experiencia el mejor recuerdo de iniciación CAEV.

Dinellis Zapata Campos, Socia activa CAEV.